Un día más el Oviedo presentó ayer a dos de sus nuevas incorporaciones para la próxima campaña. En esta ocasión le tocó el turno a dos de los más jóvenes, Moisés e Iván.
Ambos comparecieron en la sala de prensa acompañados del miembro de la comisión deportiva Marco Pintado, quien señaló que ambos jugadores «son una apuesta de futuro de la entidad».
Moisés López Lazo nació en Avilés el 25 de julio de 1983. Mide 1,80 metros y pesa 77 kilogramos. Comenzó en las categorías inferiores del Avilés, para luego militar en el Hispano, Pumarín y, de nuevo, en el Avilés, club del que procede. Juega habitualmente de mediocentro izquierdo, aunque también se adapta al lateral del mismo lado.
El jugador reconocía que su fichaje por la entidad oviedista «era una oportunidad grande para mí viniendo a un club que tiene como objetivo el ascenso y que debe estar como mínimo en Segunda A».
El acuerdo entre ambas partes «fue muy rápido, aunque el Oviedo había mostrado su interés por mí desde hacía bastante tiempo. El acuerdo fue casi inmediato porque a las dos partes nos interesaba».
Es consciente Moisés de la exigencia que va a tener, «pues cuando jugué contra ellos en Tercera la afición ya le pedía que subiese de inmediato a Segunda B y ahora que está en esa categoría querrá que suba cuanto antes a Segunda».
Considera el nuevo jugador oviedista que «es bueno que haya competencia por los puestos, ya que eso se refleja posteriormente en la competición. Mi intención es ayudar al equipo en todo lo que pueda para estar al final de temporada entre los cuatro primeros y jugar la fase de ascenso».
En cuanto a Iván Cabrero Serrano, nació en Santander el 22 de septiembre de 1987. Mide 1,90 metros y pesa 81 kilogramos. Procede del Atlético Perines, equipo de Cantabria, donde ha estado durante toda su corta carrera deportiva.
El nuevo guardameta azul manifestó que «venir al Oviedo es una gran oportunidad de aprender y jugar a un gran nivel con gente con experiencia». Señaló que «he corrido y he hecho más abdominales en estos días que en toda mi vida».
J.M. FELGUEROSO (La Nueva España)