SPORTING DE GIJON 0 - MALAGA B 0
Foto: El Comercio
Sporting de Gijón: Roberto, Raúl Cámara, Jorge, Jeffrey, Dorado, Enguix (Gerardo m 69), Pablo Alvarez, Javi Fuego, Juan, Biagini (Michel m 69) y Karanka (Calandria m 56).
Málaga B: Manolo Reina, Gámez, Torrejón, Armando, Rubén, Usero, Andreu, Diego Castro (Pino m 86), Pina (Abel m 80), Saúl y Ador.
Árbitro: Ontanaya López, castellano manchego. Mostró tarjetas amarillas a los locales Juan, Jeffrey y Raúl Cámara y los visitantes Gámez, Armando, Pina y Ador.
Incidencias: Alrededor de 8.000 espectadores presenciaron el partido disputado en El Molinón.
El Sporting mostró su peor imagen en El Molinón. Después de tres partidos en apenas seis días, los rojiblancos ofrecieron una imagen lamentable, que dista mucho de la del equipo solvente de hace algo más de un mes. Ni las rotaciones, ni el descanso obligado de algunos hombres importantes en Huelva o en Albacete fueron suficientes para desatascar al cuadro de Ciriaco Cano, incapaz de crear una ocasión de peligro en 90 minutos. El equipo gijonés ha entrado en una dinámica de desconfianza que empieza a preocupar, sobre todo porque las soluciones no llegan. El encuentro del Carlos Belmonte ha pasado una factura altísima, para un equipo demasiado corto en su elaboración y con pocos recursos sobre el campo.
El Sporting ha entrado en una fase de vulgaridad, hasta tal punto que se ha visto incapaz de hacerle peligro a un equipo que recibió nueve goles en los dos últimos partidos. El Málaga B llegó como colista a El Molinón, sin ganar en los últimos tres meses, y estuvo a punto de llevarse la victoria si no fuera porque Diego Castro falló un penalti que se inventó Ontanaya López. La falta fue fuera, y el colegiado la metió dentro. Nadie se podrá quejar ahora de la mala suerte.
El equipo gijonés tuvo ayer su peor día. Nada funcionó, y ni los buenos detalles de alguno de sus futbolistas contagiaron al resto. No hubo creación, cundió el nerviosismo en la defensa, el balón no llegó a las bandas y los delanteros apenas recibieron un balón condiciones. Sin todos esos detalles y ante un rival que demostró mucha fragilidad, el empate sin goles, y sin ocasiones, fue lo más lógico. Lo peor para el Sporting es que este partido podría suponer un freno a su caída en la clasificación y, lejos de darle aire, le ha colocado en una posición más difícil aún. Ayer mostró una inseguridad defensiva muy llamativa, al margen del cansancio acumulado en los últimos encuentros.
Ciriaco Cano decidió regresar al 4-4-2, con Karanka como titular por primera vez en la Liga en El Molinón, pero lo que no funcionó fue el equipo. Sólo Biagini fue capaz de ponerle algo de chispa al partido, con un disparo lejano que estuvo a punto de sorprender a Manolo (m. 35). Antes, sólo un disparo durísimo de Enguix supuso algo de peligro para la portería andaluza, con un Málaga B buscando el peligro a través de las acciones de estrategia. Sus 16 saques de esquina en todo el partido dejan claro su dominio del encuentro, ante un Sporting cada vez más desconfiado de sus posibilidades.
El partido fue un espectaculo lamentable para el espectador. Los gijoneses apenas demostraron fluidez con el balón en los pies, fuera cual fuera su dibujo táctico, con un Málaba B mucho más concienciado de su labor en el campo. El contragolpe se ha convertido en la forma de juego del Sporting. Hasta ahora, le ha bastado con ser un equipo con muy buena defensa que aprovecha su velocidad para encontrar los espacios. Sin embargo, la faceta ofensiva de los gijoneses está por demostrar. En la primera parte, apenas llegó a la portería malacitana con dos lanzamientos lejanos, mientras que en el segundo tiempo el bagaje fue más corto. Un gran pase de Dorado a Calandria terminó en un lanzamiento del argentino tras un gran desmarque, pero el balón se fue por encima del travesaño (m. 68).
Ciriaco optó por darle aire al equipo. El público le abroncó por quitar del campo a Biagini, el único capaz de desequilibrar el encuentro en cualquier acción, colocó a Gerardo más cerca de Calandria. El resultado fue nulo. El Málaga B siguió buscando la portería de Roberto a base de saques de esquina, con más acierto pero con escasa verticalidad.
Para hacerlo más difícil, Ontanaya López se inventó un penalti a falta de seis minutos para el final, que pudo cambiar el resultado. Pablo Alvarez derribó a Diego Castro fuera del área, pero el colegiado señaló penalti. Y como el partido estaba para todo tipo de despropósitos, el propio Diego Castro lo lanzó fuera. El Molinón respiró, aunque sólo fuera para agradecer un punto ante el colista, que pudo romper en Gijón su racha de tres meses sin ganar.
Con cansancio o sin él, el Sporting dejó una imagen preocupante. Continúa sin ganar en lo que va de año, acumula cinco jornadas sin marcar y, tras el partido de ayer, deja un poso de dudas que hace disparar todas las alarmas entre los aficionados. Esa imagen de equipo vulgar preocupa, y mucho, y más si el rival muestra una imagen tan débil. En un mes, se ha cambiado el punto de mira. Hay un problema, y grande. (Ricardo Rosety, La Voz de Asturias)