Antón vivió los últimos años engañado, y abrazó el proyecto que nunca fue ilusionante, ni trasparente del ACF; abandonando a su suerte al que había sido SU REAL OVIEDO, el único Oviedo, histórico, y de cuya historia el forma parte.
Eso le ha hecho que para el actual oviedismo Antón haya sido uno de aquellos que si abandonó al Oviedo, lo dejó tirado en Tercera, y además alentó con su imagen un equipo que pretendía usurpar la historia, los colores, la imagen y el escudo del Real Oviedo.
El oviedismo no sentirá pues esta muerte como de uno de los suyos, y hoy están más penosos por la lesión de DARIO que por el fallecimiento de un histórico azul. D.E.P. Antón
Foto: La Nueva España
Antonio Sánchez Valdés, «Antón», el último superviviente de la primera gran época dorada del Oviedo, falleció a última hora de la tarde de ayer en el Hospital Central de Asturias. Con el histórico ex jugador azul, que había cumplido 91 años el pasado día 2 de julio, desaparece la última leyenda del gran Oviedo de los años treinta y cuarenta. Pero Antón, que fue siempre físicamente identificable por su decisión de jugar con una característica boina, fue mucho más que un futbolista. Dedicó toda una vida de casi cuarenta años al club azul, en el que además de jugador ejerció como entrenador, ojeador, delegado y administrativo. Al que fuera extremo derecho de uno de los mejores equipos de la historia del club se le había diagnosticado una neumonía y llevaba unos días ingresado en el Hospital Central de Asturias, adonde había sido trasladado desde el Monte Naranco. Su cuerpo recibirá sepultura mañana, a las dos de la tarde, en el cementerio ovetense y el funeral se oficiará a las cinco de la tarde del miércoles en la iglesia de San Tirso el Real.
Antón, miembro de la célebre «delantera eléctrica», de la segunda, con Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín, tuvo parte muy activa en el primer gran Oviedo de la historia, que fue tercero en la Liga en dos ocasiones antes de la guerra civil. Cuando la contienda dejó inutilizado el campo de Buenavista militó también en el Zaragoza, cedido por el club azul, y allí fue además el autor del primer tanto del equipo maño en Primera División. Dedicó al club azul, en total, 37 años de su vida en distintas ocupaciones y su hoja de servicios como futbolista incluye 324 partidos disputados en Primera División y 108 goles anotados entre las competiciones de Liga y Copa. Permaneció trece temporadas en la élite a pesar de que el parón de la guerra civil interrumpió su carrera, y nunca fue expulsado de un campo de fútbol. Fue cinco veces preseleccionado por el equipo nacional y poseía la medalla del Mérito Deportivo.
Antonio Sánchez Valdés nació en Oviedo, en la que hoy es la plaza Primo de Rivera, el 2 de julio de 1914, comenzó a jugar al fútbol en el Colegio de los Hermanos Maristas e ingresó en el club azul el 31 de agosto de 1929. Rechazó una oferta del Real Madrid -le bajaron del tren el entonces presidente, Carlos Tartiere, y su padre, según contaba en el libro que le dedicó en 1993 Juan Martín Merino, «Juanele»- y debutó en Primera División el día 1 de diciembre de 1935. Ya en su estreno marcó uno de los seis goles que el Oviedo le marcó al Racing en Santander (2-6) y estrelló otros tres balones en el larguero. Antón destacó siempre por su potente disparo y su olfato goleador, además de por la boina que le cubría la cabeza en el césped y fuera de él desde un partido de esa misma temporada 1935-36 contra el Español en Buenavista en el que quiso proteger del frío, después de una gran nevada, su cabeza tocada por la alopecia. También ese día marcó uno de los ocho goles del Oviedo.
Y a partir de ahí, toda una vida en el club azul -«se fundó en 1926 y en 1928 ya jugaba yo como infantil», contaba-, en el que se jubiló en 1979. El azul intenso de su vida profesional abrió dos únicos paréntesis casi obligados: aquella temporada en el Zaragoza, cuando el campo de Buenavista estaba atravesado por las trincheras de la guerra civil, y la última antes de su retirada, porque tras abandonar el Oviedo en 1951 también jugó en el Círculo Popular de La Felguera. Además de su exitosa carrera futbolística, Antón entrenó a varios equipos de las Cuencas en los años cincuenta, entre ellos el Santiago de Aller y el Caudal de Mieres, y de ahí pasó al Vetusta, al que ascendió a Tercera División. En 1962 se hizo cargo del primer equipo del Oviedo, al que salvó del descenso a Segunda División cuando el equipo atravesaba una situación complicada, y repitió después esta labor de «apagafuegos» en los últimos partidos de la temporada 1965-66, ya en Segunda.
El último de la selección
Pero Antón, que cumplió la edad de la jubilación en la entidad que casi le vio nacer, tuvo tiempo además a hacer muchas otras cosas antes de apartarse del fútbol: también era el único superviviente de la selección asturiana absoluta, de un equipo que antes de su reciente recuperación había jugado su último partido, con Antón en la alineación, contra una selección de Bruselas en junio de 1936.