Los jugadores del Sporting cobrarán el lunes las fichas de la pasada temporada y, por tanto, el equipo evitó el descenso a Segunda B, después de que José Fernández asumiera la deuda de los jugadores. Pasado mañana se realizará un depósito en la Liga de Fútbol Profesional por los 1,56 millones de euros, que es el importe de las denuncias, con lo que quedará regularizada la situación del club.
La operación resultó compleja. Pasadas las nueve y media de la mañana, José Fernández llegó a la oficina del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) en la plaza del Carmen, acompañado de Antonio Veiga, vicepresidente del Sporting. Tras una gestión en la oficina de empresas, que dirige Carlos Martínez, se trasladaron al despacho del notario Ángel Aznárez, donde se incorporó el abogado Antonio González-Busto Mújica, uno de los interventores judiciales del proceso concursal del Sporting. Más tarde, llegaron Rafael Anguita y Rodrigo Deza, asesores de Price Waterhouse, acompañados de Daniel Pinín, secretario general del Sporting, y poco después apareció el arquitecto andaluz José María González de Caldas con Alfredo García Amado, director general del Sporting.
José Fernández solucionó su asunto personal económico en el BBVA, para documentar una operación de crédito por 1,56 millones de euros. El siguiente paso fue dar forma a la entrega del dinero. Para evitar cualquier posible ilegalidad, se optó por la compra de las deudas de los jugadores, por lo que no hizo falta ninguna consulta al juez Javier Antón Guijarro, como se había previsto. Incluso se había previsto que ayer se iniciaban las vacaciones en el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Oviedo, del que es titular el magistrado encargado del proceso concursal del Sporting y no se reincorporará hasta el uno de setiembre. No fue preciso tener que hacer consultas al juez.
Aunque se analizaron otras alternativas no se encontró ninguna que tuviera una salida legal. Al conocerse el interés del Córdoba por ocupar la plaza del Sporting, en el club gijonés se sabe que los dirigentes del club andaluz pueden solicitar una revisión de la documentación, por lo que se hubiera podido poner en peligro la operación, lo que se descartó abiertamente.
A la una y media de la tarde, tras cuatro horas de reunión, concluyeron los trámites, pero pendientes de documentar el importe que el lunes se depositará en la Liga de Fútbol Profesional, por lo que la negociación se prolongó hasta pasadas las tres de la tarde.
Los primeros en abandonar el despacho del notario fueron los asesores de Prince Waterhouse. Poco después salieron José María González de Caldas, que ejerció de portavoz, Antonio Veiga y Alfredo García Amado. El último en marcharse fue José Fernández.
El máximo accionista asumió las deudas de los jugadores, cantidad que irá a la quita en el concurso de acreedores, que podría ser hasta del 50%, por lo que de los 1,56 millones de euros, el máximo accionista corre el riesgo de recuperar sólo 753.000 euros, a cobrar en un periodo de cinco años.
Una opción que se barajó era que González de Caldas había hecho una parte de la aportación para salvar la supervivencia del Sporting, aunque el propio interesado lo desmintió, mientras que en el club se desconoce, al menos oficialmente, esta posibilidad.
En las reuniones, en ningún momento se registró la presencia de representantes del Ayuntamiento o del Principado. Según aclararon fuentes de la entidad, la operación fue respaldada por José Fernández.
José María González de Caldas, que participa en la empresa Por el Futuro y la Estabilidad del Club, S. L., mayoritaria en el accionariado del Sporting, a través de otra empresa, ejerció de portavoz tras las reuniones celebradas en la notaría de Ángel Aznárez. El arquitecto manifestó que «todo está solucionado y los jugadores van a cobrar, que es de lo que se trataba». Y acto seguido lanzó un mensaje: «Es el momento de que se inicie una nueva etapa para un gran club y se haga justicia con José Fernández, que puso su dinero y su salud al servicio del Sporting».
José Fernández abandonó el despacho de la notaría de Ángel Aznárez con aspecto de cansado, después de tres días de prolongadas reuniones en las que accedió a prestar su colaboración para respaldar la solución que permite al Sporting jugar en Segunda División y eludir el descenso administrativo, así como concretar la fórmula de su aportación dentro de límites legales. Ayer, tras casi seis horas en las oficinas bancarias y en la notaría, el máximo accionista de la entidad rojiblanca eludió hacer declaraciones. «Ya lo contáis vosotros», se limitó a exponer, con aspecto de resquemor por las críticas que recibió en los últimos meses, mezclada con la satisfacción personal de haber salvado la categoría al Sporting. Cuando se le preguntó si era un buen día, subrayó que «para mí, sí», de una forma escueta y sin dar más explicaciones.
El máximo accionista de la entidad, que también es uno de los principales acreedores, había agotado su crédito después de haber prestado dinero en varios momentos críticos tras dejar la presidencia del club, en el año 1997. En su momento, Fernández puso final a sus aportaciones económicas, dado que los consejos de administración sólo veían en su figura la solución a los problemas financieros. Se le llamaba tanto para la liquidación de fichas como para avalar fichajes o negociar los convenios con las instituciones y así obtener el dinero por adelantado, ya que las firmas de los dirigentes no eran aceptadas por las entidades bancarias debido a su cuantía. El principal accionista vive apartado del fútbol, por prescripción médica, sin querer involucrarse en más operaciones. En esta ocasión, la gravedad de la situación le hizo cambiar de opinión
González de Caldas admitió que «el pago se hace de forma ajena al club, porque el Sporting no tiene posibilidades». El empresario indicó que «nunca pensé en un descenso del Sporting, porque confiaba en Fernández» y también cree que «el club va a salir del concurso de acreedores con esta afición tan importante». Añadió que el Sporting tiene «el apoyo de una masa social y de unas instituciones, por lo que cuando pase esta tormenta habrá que escribir un libro blanco, poner a cada punto en su sitio y que cada palo aguante su vela». Asimismo, el arquitecto dijo que «el objetivo es llevar al equipo a Primera, que es donde tiene que estar». De pequeño, «siempre tuve simpatía por el Sporting, porque es un club que dejó buen sabor de boca por donde pasó».
De Caldas negó que el Ayuntamiento o el Principado hubieran participado en la solución del Sporting. El empresario andaluz dijo que «las instituciones ofrecieron promesas y buenas intenciones y no hay que presionarlas cuando la tormenta está en un momento tan álgido».
El papel que jugó González de Caldas en esta operación fue la de «apoyar a mi amigo Fernández». Expuso que «hacía falta dinero e ilusión» y explicó que al máximo accionista del club gijonés «le faltaba ilusión», lo que le transmitió, porque «soy hombre de fútbol y pasé por una situación similar en el Sevilla».
José María González de Caldas comentó que «las cosas se arreglan cuando están desarregladas por completo y creo que, por la experiencia que tengo en el mundo del fútbol, se produjo el nacimiento de una nueva etapa. Ahora veo las cosas con más serenidad». Al despedirse, De Caldas pidió que «tratad bien a José Fernández, que se lo merece y ahí está el esfuerzo que hizo por el Sporting».