domingo, 03 de julio de 2005
Convertir en sociedades anónimas a los equipos del fútbol español fue un descomunal error. El autor de tal tragedia, el señor Gómez Navarro, acaba de ser nombrado presidente de las cámaras de Comercio. ¿Ustedes lo entienden? Yo tampoco.

Como dicen los barcelonistas: «El Barça es mucho más que un club». Ahí está la clave. Los clubes de fútbol son historia, tradición, sentimientos, ilusiones. Nada que ver con especulaciones, negocios, etcétera, propios de cualquier sociedad anónima. Hay que impedir que los responsables que llevaron al Real Oviedo y al Real Sporting a la ruina deportiva y económica puedan retornar. Nunca más.

Nadie duda de que don Celso González es un excelente profesional de la abogacía y de las inversiones inmobiliarias, y don José Fernández un reconocido y competente profesional de la construcción; pero ambos deben ser apartados de sus responsabilidades en los clubes más representativos de Asturias, y, por supuesto, sus hombres de paja o testaferros.

La lección ejemplar que ha dado estos años la afición oviedista, superando mil obstáculos para que el equipo de sus amores sobreviviese, no se merece que las instituciones públicas asturianas estén pasivas y permitan la vuelta de los señores González y Fernández. El Principado y los ayuntamientos de Oviedo y Gijón tienen que apoyar a estos miles de asturianos que no han permitido la desaparición de parte importante de nuestra historia. La presencia del presidente del Principado en la fiesta del Real Oviedo tiene que tener un significado más trascendente que el de asistir a un ascenso inolvidable. El «plan Sarmiento» pretende propiciar que las sociedades anónimas sean de todos los accionistas e impedir que existan los señores González o Fernández de turno. Si es así, todos volveremos a comprar acciones y comenzará un tiempo de ilusión y esperanza.

Recuerdo aquel junio de 1971 en el cine Palladium. Asistía como compromisario a la asamblea para reelegir al presidente del Real Oviedo, que aquel año estuvo a punto de descender a Tercera División (no existía la Segunda B). La reglamentación exigía la unanimidad de los compromisarios para la reelección. Razoné mi oposición y la necesidad del relevo en la presidencia. Sólo me apoyaron seis de los doscientos compromisarios. Al no haber unanimidad, las instituciones públicas del momento convencieron a don José María Velasco y aceptó la presidencia. Con un magnífico equipo de colaboradores y la dirección técnica de don Eduardo Toba, en sólo un año el Real Oviedo ascendía como líder a la Primera División en 1972.

¡Hala Oviedo, adelante!

Jose María Fernández del Viso García
Publicado por LUNA-DE-SIERO @ 16:27  | OPINION
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios