Hubo un día que unos mercenarios que jamás podrán llamarse ni deportistas, ni futbolistas, por el sólo hecho de lo que hicieron con el Real Oviedo, decidieron burlarse del público arrástrándose por los campos de futbol de España, decidieron reirse de la historia de un club histórico vistiendo la camiseta y el escudo del Real Oviedo, y portarse como HIJOS DEL DINERO, al descender administrativamente al equipo aun cuando tenían garantizado el cobro de más de lo que van a recibir. Esos HIJOS DEL DINERO, decidieron de un plumazo escupir al aficionado azul, ensañarse en el dolor del sentimiento oviedista, y quisieron poner fin a la historia de uno de los equipos con mayor tradición futbolística con la maniobra más sucia, ruin y rastrera que se conoce en el futbol nacional. Yo propondría que ese año no tuviera ni nombre ni apellidos, y que los mercenarios HIJOS DEL DINERO que formaron parte de esa plantilla vean borrados sus nombres como aquellos que en algún momento vistieron la camiseta azul y el escudo del Real Oviedo. No son dignos de pertenecer a la historia azul.
Ayer, renaciendo de sus cenizas como el Ave Fenix (bravo Symmachiarii), unos auténticos profesionales y dignos futbolistas de formar parte con mayúscula de la historia azul, consiguieron abandonar la Tercera División, donde como tantos entrenadores han dicho, y ayer lo reafirmó el mister del Real Avila, el Real Oviedo nunca debió estar. Ellos, sin tanto nombre, como aquellos peseteros mercenarios tuercebotas y levantatapines (la mayoría de ellos acumulan descenso tras descenso a los equipos donde van), se han puesto el mono de trabajo, se han currado el sueldo, y han labrado en los barrizales el renacimiento de un club al que unos mal nacidos quisieron dar por finiquitado. Con mayor o menor calidad, hicieron honor al himno azul, con valor, pundonor y garra, y unidos, hermanados, a una afición sin igual y fiel, han conseguido lo que la mala suerte impidió a quienes el año pasado dijeron si al Real Oviedo. Gracias FUTBOLISTAS, tanto de la temporada pasada como de esta
Al frente de todo, dos personas, Antonio Rivas y Pedro Luis, hicieron una labor impagable. Tras estudiar miles de futbolístas en categorías tan desconocidas como la Segunda B y Tercera, hicieron un plantel muy competitivo, y sobre todo implicado en la causa del Real Oviedo. Y este año volvieron a repetir éxito con unos futbolistas, que son dignos de vestir una camiseta con tanta historia como la del Real Oviedo, pero que además son excelentes personas, y han creado un ambiente de buen rollo y unión increible. Gracias ANTONIO RIVAS y PEDRO LUIS.
La jornada se presentaba tranquila, ya que el resultado de la ida dejaba claramente sentenciada la eliminatoria salvo que las cosas se torciesen mucho. Pero el día no parecía invitar a que nada se torciese. Los más de 25.000 espectadores, pintando el Carlos Tartiere de azul con sus camisetas, eran un buen augürio. Ya no sólo la tranquilidad del resultado de la ida, sino el ambiente impresionante hacía que los jugadores azules jugasen con demasiada ventaja. Y el Real Avila, vino a disfrutar también del mejor ambiente que muchos de sus jugadores vayan a vivir nunca jamás en un campo de futbol.
Lo demás fue una fiesta, o una locura, pero bendita locura, de jugadores, técnicos, espectadores. Bienmerecido lo tienen todos. Ahora a pensar en el siguiente paso, que deportivamente es dar otro escalón más, ya que tampoco la Segunda B es una categoría en la que por historia deba estar el Real Oviedo; y extradeportivamente, conseguir que la afición siga siendo el motor y el pulmón del equipo, evitando que otros indeseables se situen en el poder dirigente del club.
Y personalmente, quien escribe estas lineas, piensa que el proyecto de seguir subiendo peldaños, cojearía sin la figura de Antonio Rivas,