lunes, 27 de junio de 2005
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Nunca el Ayuntamiento de Oviedo acogió una comitiva tan peculiar como la ovetense en la noche del sábado. Algunos de los jugadores de la plantilla azul llegaron tan sólo en calzoncillos y con una bandera para cubrirse, otros habían roto las zapatillas tras realizar el trayecto desde el Tartiere a la plaza del Ayuntamiento y otros, agotados por el esfuerzo, no encontraron nada mejor que echarse sobre una de las alfombras del salón de plenos para poder recuperar fuerzas.

La vestimenta era de lo más variado, tanto en jugadores, como en acompañantes, pero, eso sí, con presencia masiva del azul. El mismo color con que se fue tiñendo la plaza consistorial poco después de que el Oviedo consiguiese el ascenso. Incluso el Ayuntamiento de Oviedo se sumó a la fiesta y en los edificios colindantes puso gallardetes con el escudo y nombre del Real Oviedo. Lo más curioso del caso es que el despacho de Celso González, situado en la misma plaza, también apareció engalanado. Enemigos para algunas cosas, pero unidos para las celebraciones. Paradojas del fútbol.

En el salón de plenos del Ayuntamiento ovetense esperaba a la caravana azul Agustín Iglesias Caunedo, teniente de alcalde, así como otro concejal del Grupo Popular, Gerardo Antuña. Aunque después, una vez que los jugadores estaban en el balcón, fueron llegando diversos concejales socialistas.

Lo primero que hacían los jugadores azules nada más entrar en el salón de plenos era ir directamente a los balcones a saludar a los miles de aficionados que se habían dado cita para homenajear a sus ídolos, sin detenerse a saludar a nadie. Tan sólo querían disfrutar del momento.

Y empezaron los cánticos y los gritos una vez que por la megafonía instalada al efecto atronase el himno del Oviedo. A partir de ahí cada jugador se dedicaba a entonar algún estribillo que de inmediato era seguido por los fieles hinchas. Desde el «Volveremos, volveremos, otra vez a Primera», hasta que «bote el Tartiere», pasando por los dedicados al Sporting, así como a Gabino de Lorenzo y Celso González.

Algunos aficionados aún tenían fuerzas para seguir portando pancartas y una de ellas, sobre un fondo azul, no podía ser de otro color, se podía leer: «Orgullosos de lo que somos, de lo que fuimos y de lo que seremos».

Tampoco faltaron gritos para reivindicar el oviedismo de Caco Morán, en su tiempo jugador sportinguista. De ahí que en muchos momentos de la noche sus compañeros gritasen «Caco Morán es del Oviedo». Pasaban los minutos y los jugadores seguían disfrutando con sus seguidores. Parecía que aquello no tenía fin. Pero tras un tiempo prudencial se apagó la música y los jugadores fueron abandonando las dependencias municipales. A la salida siguieron las mismas muestras de cariño por parte de la fiel hinchada azul

Una vez finalizada la comparecencia de los jugadores en los balcones del Ayuntamiento la comitiva azul se desplazó a un céntrico restaurante ovetense para cenar. Muchos seguidores acompañaron a los jugadores hasta la misma entrada e incluso aprovecharon que los diversos componentes de la plantilla llegaban dispersos para poder hacerse fotos con ellos y tener un recuerdo para la posteridad.

A eso de las tres de la mañana el grueso del grupo se desplazó a una discoteca para seguir la fiesta hasta casi al amanecer.
Publicado por LUNA-DE-SIERO @ 11:55  | REAL OVIEDO
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