sábado, 25 de junio de 2005
«Teníamos que dar el do de pecho tras la decepción de la pasada temporada y el partido clave para el ascenso era en Ávila, no en el Tartiere. Por ello salimos muy concienciados y sabedores de que nos jugábamos mucho en el envite». Así resume Luismi el gran triunfo del Oviedo en Ávila y el sentir de la plantilla oviedista.

El defensa cuajó una gran actuación e incluso marcó un gol de falta directa, el tercero de su equipo, a pesar de que desde el banquillo otros compañeros intentaron disuadirle de que no la ejecutase. «Oía gritos desde el banquillo y de compañeros que me decían que no la tirase, que estaba muy lejos. Pero estaba convencido de que la iba a meter». Durante toda esta temporada lo intentó «varias veces, pero el balón no entraba, pues hubo veces que dio en el larguero. En esta ocasión puse los cinco sentidos al ejecutarla, estaba convencido de que entraría y entró». La clave está «en las numerosas veces que ensayo los lanzamientos, incluso con barreras, tras los entrenamientos. Si entonces entran, no sé por qué no iban a entrar en un partido».

Luismi se trajo, además del triunfo de su equipo, «cuatro puntos de sutura en una mano». La acción sucedió cuando «tras marcar el gol me subí a la valla para celebrarlo. Hubo un momento, al bajar, que alguien me agarró por los pantalones y al intentar tirarme fue cuando me enganché la mano». Comenzó a sangrar y Rivas quiso cambiarle, «pero le dije que no, que por una herida y con lo poco que faltaba para acabar el encuentro seguía».

De inmediato el fisioterapeuta del club, Barreto, «me hizo un vendaje y me cortó la hemorragia. Luego en el vestuario, y con más calma, fue cuando me pusieron los cuatro puntos».

Tanto Luismi como el resto de compañeros saltaron al terreno de juego «convencidos de que teníamos que ganar. A pesar del empate a un gol con el que acabó el primer tiempo sabíamos que los goles iban a llegar ya que éramos muy superiores a ellos. Luego, cuando Jon Carrera consiguió el segundo, ya lo vi mucho más claro».

Se enfadó mucho «tanto con el árbitro como con el línea, ya que ante cualquier disputa o balón dividido señalaba falta a favor de ellos. Con tantas interrupciones no daba continuidad al juego y eso nos perjudicaba».

Luismi resalta «la ambición de todo el equipo al saltar al campo. Creo que ésa ha sido la diferencia fundamental con respecto al encuentro ante el Coruxo, donde dimos una imagen más conformista». En el encuentro de hoy espera «ofrecer un buen partido a la afición y despedirnos por todo lo alto. El Tartiere tiene que ser una fiesta, aunque, desde luego, nosotros no pensamos relajarnos pues aún restan noventa minutos por jugar».

No piensa por lo más remoto que el Ávila dé la vuelta al marcador «porque sería para matarnos», sino tan sólo en ofrecer «un buen espectáculo».

Quiere desquitarse de la «gran decepción de la temporada pasada, cuando no ascendimos. Quizá llegamos un poco justos a las eliminatorias y jugamos más con el corazón que con la cabeza».

Como todos sus compañeros reconoce: «No hay palabras para nuestra afición. Más que explicarlo, hay que verlo. El domingo muchos hicieron el viaje en el día, regresaron tras el partido y casi sin descansar a trabajar. No hay palabras para ellos. Ya quisieran muchos equipos de Liga de Campeones tener una afición como la nuestra».

Por eso quiere que hoy «el Tartiere sea una gran fiesta, tanto para la afición como para nosotros. Servirá para librarnos de los sufrimientos de estos últimos años, especialmente de la afición, que ha visto cómo su equipo estuvo a punto de desaparecer. La pasada temporada ante el Arteixo lo pasamos mal, por ello la alegría tiene que ser doble, para olvidarnos de aquella decepción. Estoy seguro de que al final del encuentro viviremos una situación inolvidable».
Publicado por LUNA-DE-SIERO @ 12:41  | REAL OVIEDO
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