Es el único que queda en el club que puede vanagloriarse de haber participado en los últimos tres ascensos del Real Oviedo. Pero Evilasio Sánchez, al que todos llaman Vili , el nombre con el que se dio a conocer como jugador azul, no duda a la hora de escoger uno. Ni siquiera el que supuso la vuelta a Primera División en la temporada 88/89. "Por la trascendencia que tiene para la masa social, me quedo con éste", dice convencido.
Está feliz, casi tanto como lo estaba cuando en la temporada 78/79 debutó con el primer equipo del Oviedo, que en ese momento militaba en Segunda B. "Fue en el quinto partido frente al Caudal", recuerda. Y a partir de ese momento no se perdió ni un partido. Desde el filial había vivido el descenso Segunda A "con un gran equipo. Tensi estaba lesionado, pero estaban Vicente, Iriarte, Galán, Jaquet...Eran jugadores que habían estado en el equipo de Primera".
Javier, Ortuondo, Vicente y alguno más se quedaron y fue con los que Vili se encontró. Ese año también llegaron José Carlos, Parajón, que en paz de descanse, Herbera, Camuel, Antuña, Esteban..."Estuvimos siempre terceros o cuartos y ascendían los tres primeros. Nos la jugamos en el último partido. Ganamos 1-0 al Pegaso y nos fuimos a la caseta tristes porque nos dijeron que el Mirandés-Langreo había terminado en empate. En el vestuario nos enteramos del postrero gol de Atilano que nos daba el ascenso. José María era el entrenador". Su mente trabaja a tope y su rostro expresa orgullo cuando recuerda este primer ascenso con José María como entrenador.
La celebración también fue apoteósica. "Salimos medio desnudos al campo a celebrarlo con cerca de 20.000 aficionados. Después nos fuimos a cenar todos juntos, pero nada más. Era como algo obligado para nosotros. Viti, Parajón y Manolín, además, se tenían que ir para el Ferral el lunes a primera hora".
Después, en Segunda, 11 temporadas, en las que se rozó el descenso "justo la temporada antes de subir", pero que no se llevó a cabo por la reestructuración de la Segunda y Segunda B. La temporada 88-89 tampoco la olvidará nunca. Fue la que "logramos el ascenso a Primera tras 14 años de ausencia. Ese año --entrenaba Vicente Miera--jugué 36 partidos y el primer tiempo de la promoción ante el Mallorca en el Tartiere. Me rompí un gemelo tras una patada de Magdaleno", apunta Vili.
El Mallorca era un equipo consolidado en Primera y el 2-1 conseguido parecía un resultado muy corto. Poco más de un centenar acudieron a Mallorca y pudieron disfrutar con el 0-0 del éxito, del ascenso. "Sólo los que estábamos allí supimos cómo lo celebramos, aunque la apoteosis fue al llegar a Oviedo, desde el aeropuerto hasta Oviedo. Fue un viaje de más de tres horas con gente en todo el trayecto. Es uno de los mejores recuerdos que tengo del fútbol", significa.
Pero el presente ocupará un lugar incluso más destacado en sus memorias. Y para Vili tiene una explicación lógica. No importa que este ascenso sea a Segunda B. Asegura que "hay socios que no se acuerdan ni del ascenso a Primera". Desde aquel día, en el Real Oviedo no se vivieron "más alegrías deportivas en muchos años", quizás sólo "cuando se logró la permanencia en Vallecas en 1999".
El sábado seguro que sus vivencias anteriores quedarán aparcadas por unas horas. La satisfacción que siente le hará explotar de emoción "porque la situación, el riesgo de desaparición del equipo y todas las calamidades que hemos sufrido tiene un significado especial". Será el más emotivo de sus tres ascensos. Todo un récord