La mecha de la última traca ya está encendida. El grupo Symmachiarii colgó ayer una pancarta en su fondo del Tartiere con una frase tan escueta y simple como emotiva y contundente: Gracias muchachos . Las cosas en el Real Oviedo han cambiado. Los gritos de mercenarios hacia los futbolistas que llevaron al equipo de Primera a Segunda A, luego a Segunda B y por último a Tercera, se han convertido en parabienes para una plantilla que está a punto de lograr el objetivo de ascender a Segunda B.
Los dos últimos años del oviedismo marcan un antes y un después en la historia del club. La afición ha recuperado su papel protagonista en la vida de la entidad y siente a los componentes del equipo como algo propio. Los jugadores se mezclan con los aficionados sin ningún problema y no se ha registrado ninguna disensión entre el césped y la grada, a lo largo de las dos últimas campañas.
El ejemplo del año pasado, tras el batacazo frente al Arteixo, es lo que mejor refleja la comunión entre afición y público. Ver a los aficionados animar a unos futbolistas rotos en el propio terreno de juego era impensable en un estadio que había vivido situaciones dantescas en las campañas anteriores.
La plantilla actual, lo mismo que la del año pasado, ha tenido muchas señales del cariño de su afición. Los momentos vividos en Avila tardarán muchos años en olvidarse a los jugadores y a los aficionados. Alguien podría pensar que todo estaba reservado para el sábado, pero Symmachiarii no quiere dejar pasar ni una sola oportunidad para mostrar su apoyo al club y ayer, cuando los jugadores saltaban al césped del Carlos Tartiere, se vieron sorprendidos por una pancarta.
Para muchos es un detalle sin importancia, pero los futbolistas sí que agradecieron esa escueta frase, que aumenta sus ganas por ganar el próximo partido y brindar una gran fiesta a toda la afición.
Aunque los artífices del posible ascenso son los miembros de la actual plantilla el sábado habrá un recuerdo muy especial para los jugadores que el año pasado dieron un paso al frente y se embarcaron en una nave casi fantasma, sin futuro y acosada por todo el mundo. Ellos hicieron posible, en cierta medida, que el equipo esté ahora tan cerca del ascenso. Manu, Merino, Fran Cuétara, Granada, Fran Sosa, Jorge Polanco, Recamán u Omar son nombres que sonarán el sábado y a los que habrá que recordar, pero sobre todo habrá uno: Armando Barbón no estará en el Tartiere, su muerte golpeó al oviedismo como pocas veces y desde el lugar en el que se encuentre seguro que disfrutará del ascenso de su equipo. El será uno de los grandes protagonistas del partido y será justo que su familia pueda disfrutar de un momento muy soñado por el malogrado futbolista. (F.J. García - La Voz de Asturias)