A Antonio Rivas, que puso gesto a la derrota en dos de los momentos más desagradables de la historia reciente del Oviedo, a la tercera le ha salido cara. Después de lamentar como primer entrenador el descenso a Segunda B de 2003 y el ascenso frustrado en 2004, ahora sonríe. Puede celebrar al fin muchos motivos para la satisfacción, aunque la cabeza le pide esperar. Hasta el sábado quiere «prudencia». El entrenador azul admite que el 1-5 en Ávila le regala de aquí al partido de vuelta «una semana de cierta tranquilidad», pero también que «quedan noventa minutos, hay que darle al partido la importancia que tiene y se sube el día 25, eso lo tengo muy claro». Comprende la euforia disparada después de años de desierto, pero él y sus jugadores, dice, «tenemos muy claro lo que tenemos que hacer. Entiendo que la gente esté eufórica, porque el resultado es muy contundente, y si yo se lo viera a otro equipo ya pensaría que está hecho, pero de vestuario hacia dentro sabemos lo que hay. En fútbol no puedes decir nada hasta que el árbitro pita el final del último partido».
Entre sus concesiones a la euforia, eso sí, suspira mirando al pasado. Se acuerda del Arteixo y de la desilusión de los 22.000 espectadores del Carlos Tartiere y agradece estar a un pequeño paso de salir con bien de una temporada en la que «no habría perdón. No conseguir el objetivo de una manera tan dolorosa resulta difícil de digerir. Entiendes la temporada siguiente como una exigencia total y absoluta. Sabíamos que iba a ser dura, larga, crítica... Pero también que con el trabajo y esta plantilla se podía conseguir, que iban a surgir muchas dudas y que cada vez que pasara algo iba a surgir el Arteixo. Eran cosas que había que saber llevar aislando al futbolista y, poco a poco, lo hemos ido digiriendo».
No se acordó de esa derrota dolorosa cuando tras darle «dos mil vueltas» decidió jugársela con el planteamiento para ganar en Ávila, pero ahora puede hablar por lo bien que los suyos, reconoce, interpretaron los riesgos de su estrategia, muy ofensiva. Reitera que quería, sobre todo, el balón, después del «atasco» contra el Coruxo. Y sus planes funcionaron porque incluso el Ávila «se sorprendió de no encontrarse con el típico equipo que hace circular la pelota y busca a los interiores», pero también, a pesar de que «los sistemas son una excusa, lo que vale siempre son las ganas, la actitud y la personalidad que puedan tener los jugadores, y en este sentido ellos estuvieron de escándalo, con una concentración bárbara».
Una «intuición» para Ávila
Ya lo veía claro, repite, justo después de superar sufriendo la eliminatoria del Coruxo. «Una intuición», define, le hacía saber que el equipo «iba a estar muy bien». Era la misma sensación que le anunciaba una papeleta muy difícil para el doble duelo frente al equipo gallego, que «por su forma de jugar se nos hacía complicado. Pero una vez superado eso, cada vez veía al equipo con más posibilidades de hacer un buen partido en Ávila». Apostó a que los castellanos se adaptaban a su modo de entender el fútbol y ganó: «Nos venía bien, porque se trata de un equipo al que le gusta jugar el balón, pero también hay que recordar que sus números estaban ahí: en casa no habían perdido, en toda la segunda vuelta solamente un partido... Son intuiciones que tienes, sabía que el equipo iba a rendir muy bien allí».
Antonio Rivas promete «el equipo más competitivo posible». Su pretensión de no hacer concesiones continúa con la propuesta de una alineación «para ganar el partido, ni siquiera para manejarlo. Sí hay que controlarlo, pero dentro de ese control habrá una exigencia para ganar. Y voy a pedirle al futbolista otro esfuerzo, porque tiene la obligación de darlo».
En la apertura de la semana que incluye el último partido del ejercicio, Antonio Rivas dirigió en el Carlos Tartiere a toda su plantilla con las únicas excepciones de Michu y Rubén, que faltaron por sus compromisos académicos. De aquí en adelante, y como receta hasta las nueve de la noche del sábado, la consigna del preparador manchego exige «tratar la semana con total normalidad en cuanto a los entrenamientos para intentar terminar la temporada con una victoria, para después, si todo va como esperamos, celebrar el ascenso». El equipo continuará trabajando esta mañana en el Carlos Tartiere y el resto de la semana en el mismo escenario siempre que el estado del césped no sufra demasiado con las sucesivas sesiones de entrenamiento.