Aldeondo puso la «guinda» al triunfo del Oviedo ante el Ávila al conseguir el quinto y último gol de los azules en el Adolfo Suárez, que deja a los ovetenses con pie y medio en Segunda B.
El delantero reconoce que «el marcador final, 1-5, era impensable para todos. Estábamos convencidos de que podíamos llevarnos el encuentro, pero no con la diferencia de goles con que lo hicimos».
Saltó al terreno de juego en la segunda parte con una idea muy clara: «Romper por velocidad a la defensa. Tenía que buscar la espalda de los defensores. Y el gol llegó de esa manera. Fue un balón largo en que gané por velocidad al defensa, que intentó derribarme, pero no pudo y luego, una vez delante del portero, le superé. Son balones que a veces entran, como ocurrió en esta ocasión, y que en otras se van fuera». Pero antes del gol ya había tenido otra oportunidad «al poco de entrar en juego. Fue en un saque de falta que entré al segundo palo, donde no suele haber nadie, pero el balón se me fue fuera. Había entrado con muchas ganas y buscaba un gol que pudiera dejar la eliminatoria encarrilada».
Pasó los primeros 45 minutos en el banquillo y como el resto de compañeros «sufrí mucho porque estaba viendo que no teníamos fortuna cara al gol y con el empate a uno ellos podían lograr el segundo y ponerte las cosas complicadas para el partido de vuelta. Pero en la segunda parte, tras unos primeros minutos de juego alterno, dominamos la situación y llegaron los goles».
El Oviedo ofreció ante el Ávila una imagen muy distinta a la de la primera eliminatoria ante el Coruxo. Aldeondo cree que en esa primera eliminatoria «quizás hubo más nervios, más tensión, porque sabíamos lo que estaba en juego, que no era otra cosa que el ascenso. Además, el Coruxo me pareció mejor conjunto que el Ávila, más serio en defensa y que intentó buscar sus opciones en ataque. Fue un rival complicado».
Aunque el partido se disputó con mucho calor, tanto Aldeondo como el resto de compañeros respiraron «cuando a eso de las cuatro de la tarde cayó una tromba de agua impresionante. Comentábamos que todo nos estaba saliendo bien. A la hora del partido, de manera especial en el primer tiempo, hizo calor y algunos compañeros decían que tenían la boca seca. Luego bajó un poco la temperatura y estaba más agradable para jugar». Reconoce que «les afectó más al Ávila el calor que a nosotros, pues ellos parecían que eran un equipo del Norte y no nosotros. Además, con los balones largos que les metimos acabaron por desfondarse».
A pesar del claro resultado, «aún quedan por jugar 90 minutos y hasta que el árbitro no pite el final no podemos bajar los brazos. El sábado queremos ofrecer un buen partido, ganar, y que los aficionados salgan del Tartiere con un gran sabor de boca».
Esta temporada hubo momentos en que la afición parecía que tenía una cierta desconfianza con el equipo, «quizá porque los resultados no eran los que se esperaban, pero nosotros sí teníamos confianza en nuestras fuerzas. Sabíamos lo que nos jugábamos, que no podíamos fallar a toda esa gente que siempre nos apoyó».
Precisamente por ello el viaje de regreso de Coruxo «no fue fácil, fue triste, ya que los aficionados expresaron su sentimiento con el juego del equipo. Estaban dolidos, pero creo que en Ávila les dimos una gran alegría».
Aldeondo tan sólo tiene palabras de elogio para la afición ovetense. «Siempre le pusimos un diez y estuvo a nuestro lado. Por ello queremos que el sábado sea una gran fiesta». Asegura el delantero que «nunca repetí en un equipo, a excepción del Oviedo, y puedo decir que no me arrepiento de la decisión que tomé, pues no me he equivocado».
La temporada pasada «fue un palo muy gordo el no subir, aunque fue por verdadera mala suerte. Por eso esta temporada queríamos quitar ese mal sabor de boca y estamos a punto de conseguirlo». Señala que «desde el principio caí bien a la afición, pues no es normal que coreen tu nombre desde la grada. Me pasó con la Real Sociedad y ahora en el Oviedo». No sabe si seguirá, pero «me han pasado cosas en Oviedo que nunca imaginé, como grabar un videoclip o que la grada coreasen mi nombre. Ha sido algo impensable».